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El Principio
El
centro nutricional Vínculo de Amor
(Love Link, Inc.)
comenzó en septiembre de 1987 después de la pérdida de nuestro
primer niño. Karla Francisca Salmerón fue entregada a nosotros por
el Departamento de Bienestar Infantil para proporcionarle los
cuidados necesarios. Ella era una bebé con severa desnutrición
quien estaba muy enferma. Karla tenía catorce meses de edad y
pesaba solamente nueve libras. Al recibirla la colocamos en el mejor
hospital pediátrico privado de El Salvador para poder salvar su
vida. Durante las siguientes dos semanas y media, Julie permanecíó
junto a ella proporcionándole el amor y el alimento del que había
sido privada en su corta vida.
Transcurridas las dos semanas y media, creyendo que Karla había
sobrepasado lo peor de su enfermedad, Julie y yo decidimos dejar el
hospital para ir a cenar. Al llegar a nuestro apartamento, recibimos
una llamada del hospital en donde el Dr. Ruiz estaba informándonos
que Karla había fallecido. La mañana siguiente, llevamos su
cuerpecito sin vida al orfanato de donde la habíamos tomado.
Estando allí, se nos preguntó si podíamos hacernos cargo de otro
niño, y lo aceptamos. Su nombre era José Vidal Cruz, de cuatro
meses de edad y que pesaba seis libras.
Pasando
esta primera experiencia supimos que habían centenares o quizás
millares de bebés que estaban en la misma situación que Karla, fue
así como fundamos Vínculo de Amor
(Love Link, Inc.), una
organización sin fines de lucro, exento de impuestos, sostenido
mediante la ayuda de iglesias y de personas caritativas. Karla fue
la semilla que nos proporcionó el conocimiento sobre la situación
de la infancia en este país. Nuestro objetivo es proporcionarles
amor, alimento apropiado, y las terapias físicas para la
restauración nutricional, física y espiritual de los bebés hasta
los dos años de edad. Los centenares de bebés que han pasado por
nuestro centro se han ido totalmente restablecidos para sus hogares
o a las guardas legales. Hemos perdido únicamente a doce bebés
debido a los estragos por malnutrición extrema que presentaban.
Cuatro de estos bebés murieron durante las primeras 24 horas de su
admisión. Nuestro pediatra, el Dr. Rafael Ruiz, quién ha recibido
entrenamiento en nutrición pediátrica en la Stanford University en
California, ha calculado que el 80% de los bebés que han estado en
el centro hubieran muerto de no haber sido por el cuidados
proporcionados. Nuestra recompensa por los servicios que brindamos es saber que el
niño ha sobrevivido, que los padres aprenden a cuidarlo, además
del cambio de actitud en las familias afectadas, que inicialmente
están consternados y tristes y luego jubilosos al ver a los bebés
en una mejor situación. De esta forma algunos miembros de sus
familias, amigos y demás miembros de sus comunidades disfrutan la
restauración brindada a los bebés y adquieren conocimientos como
los dados a los padres. De vez en cuando, hemos recibido pollos,
papayas y naranjas de parte de los padres agradecidos (nosotros les
recibimos la fruta, pero les devolvemos los pollos para que ellos
los puedan disfrutar).
Sam y Julie Hawkins
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