"Una Niña que no Moriría" 
 

por Sam Hawkins

    Durante una hermosa mañana de domingo en agosto de 1987 en un evento de la iglesia, el Espíritu Santo le habló a mi esposa, Julie. El puso en su mente que "un niño pequeño haría diferente nuestra forma de vida".

    La llamada como misioneros a El Salvador vino después de que yo hiciera un viaje a este país en julio de 1984 para visitar a unos amigos. La mañana siguiente, después de que volviera a Antigua, en Guatemala, ciudad donde tomaba uno curso de idiomas, llamé a Julie y le dije que sentía que Dios nos llamaba para ir a El Salvador; ella estuvo de acuerdo. Dios me había sacado del mundo secular de los negocios y nos había colocado en una posición que me hacía sentir un poco incómodo: la idea de vivir totalmente por fe. Nunca había hecho esto antes, ni había orado por una oportunidad. Este proyecto no estaba apoyado por organización o denominación alguna; Dios era quien nos había llamado y era El quien nos enviaba a trabajar. Después de liquidar nuestro negocio y de pagar las cuentas, llegamos a San Salvador, El Salvador, el 6 de Febrero de 1986, con fondos muy limitados.

     Para los siguientes seis meses, recibimos muy poco apoyo financiero. Cuando los fondos restantes disponibles podían solamente pagar nuestros costos , rogué al Señor y le dije: "Tu nos trajiste aqui y nos proponemos a permanecer en donde estamos, no nos vamos a echar atras". El Espíritu Santo me contestó de inmediato diciendo: "No formo parte del pasado, yo soy el futuro, búscame ahí Yo les guiaré", y así lo hice y él obró.

     As we walked up the steps to the church that Sunday morning, Pastor David Gruver introduced us to Ken and Pam Rundle with the remark that we were the ones they needed to see. Little did we know at the time, but our future would be greatly entwined. The Rundles were looking for someone to be foster parents for a severely malnourished baby girl 14 months old and weighing nine pounds. Julie and I looked at each other and without saying a word knew that we were the ones they were seeking. 

     En la mañana del lunes, los cuatro llevamos a Karla Francisca Salmerón del orfanato del gobierno a un chequeo médico. El doctor nos dijo que Karla tenía que ser llevada a un hospital inmediatamente y que difícilmente sobreviviría, por lo tanto ingresamos a Karla en el mejor hospital pediátrico de San Salvador.

     Julie nunca salió del cuarto donde Karla estaba. Ella le proporcionó a Karla tanto el elemento espiritual como el físico. Karla tenía muchas deficiencias, comenzando con una desnutrición grado III, infección doble por pneumococo y de pseudomonas, cualquiera de estas tres le podía causar la muerte. Ella era muy vulnerable, y después de la primera semana, el personal del hospital se acercaba a observar el milagro que estaba desafiando las probabilidades. El Dr. Rafael Ruiz, uno de los pediatras más competente del país que se especializa en desnutrición, hizo el comentario de que él no estaba haciendo nada para que la pequeña se sobrepusiera. El dijo, mirando y señalando hacia arriba: "Hay una potencia más alta que la mantiene viva". Estuvimos de acuerdo con él, pero nos preguntábamos qué era lo que Dios iba a hacer.

     Durante la segunda semana, algunos miembros de partidos políticos de oposición fueron a ver a Karla. Católicos y evangélicos también lo hicieron y oraron por esta pequeña niña que fue abusada y rechazada por sus padres. Nos habíamos vinculado tanto con esto que mi esposa y yo habíamos decidido que si Karla sobrevivía, la adoptaríamos. Un abogado ofreció hacer el papeleo de la adopción sin costo. Los pequeños ojos marrones de Karla nos seguían por todo el cuarto, y una débil sonrisa se dibujaba en su boca. Ella comenzó a entender que la amábamos. Luego, una nota escrita sobre su cama nos informaba que debíamos usar guantes debido a la naturaleza infecciosa de su enfermedad. Usted sabe que se puede administrar medicinas usando guantes, pero no amor. Un beso en la mejilla, un frotar de narices, una caricia; eso era lo que Karla necesitaba para que supiera que la estaban cuidando, cosas que seguimos haciendo con Karla aún cuando poníamos en riesgo nuestro bienestar.

     Después de dos semanas y media, notamos que Karla estaba mejorando. Motivé a Julie a salir del hospital para respirar un poco de aire fresco, para disfrutar de una buena comida y de un cambio de paisaje, así que salimos del hospital por unas horas. Momentos más tarde, el Dr. Ruiz nos localizó para informarnos que Karla había fallecido y cuando regresamos, sus pequeñas manos yacían plegadas en su pecho. La envolvieron en una manta y pusieron dos velas cerca de ella. Por un momento nos sentimos destrozados. En la mañana del lunes muy temprano, colocamos a Karla en un pequeño ataúd de madera y llevamos su cuerpo de nuevo al orfanato, sintiendo profundamente en nuestro interior un gran dolor.

     Esa misma mañana, nos pidieron tomar a otro bebé. Era inconcebible pensar en tomar a otro niño después de la pérdida de Karla, pero contestamos: "Si, lo haremos". Así que dejamos el orfanato con otro bebé en nuestras manos, José Vidal Cruz. Tenía cuatro meses de edad y pesaba seis libras, José tenía una fiebre de 104 grados provocada por una infección del riñón causada por un reflujo. Cuidando a José, Dios nos mostró que Karla era una semilla que murió pero que viviría en nosotros. Su intención no era que adoptáramos a Karla, sino que desarrolláramos un vínculo especial con los niños desnutridos para así poder organizar un centro nutricional para los infantes seriamente enfermos. De esta manera, centenares de bebés como Karla, han pasado a través de nuestro centro y se han ido sanos y felices. Karla continúa en nuestras memorias. Dios nos ha bendecido con una amistad personal con el Dr. Ruiz. Como médico que ama a los bebés sin límite, él ha brindado sus servicios médicos sin ningún costo para los bebés del centro durante los últimos trece años.

Observar la oscuridad y los ojos de súplica de los bebés desnutridos es ver a Jesús en la Cruz. Restablecer al niño la salud y felicidad es tocarle a él en toda Su Gloria. Quizá fuimos enviados a El Salvador por esta causa.